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martes, 6 de marzo de 2018

La Realidad de Siria

Mucho se ha escrito en los medios de comunicación del imperio acerca de la gravedad de la situación de la población civil en el enclave de Ghouta. La mayor parte han sido mentiras, el restante, tergiversaciones.

Para tener una idea más clara de lo que está ocurriendo actualmente en un conflicto que ya lleva demasiado tiempo, les traemos haste este blog este extraordinario reportaje de Ala Woods dado a conocer en la página de La Izquierda Socialista:


Alan Woods

Después de todo el alboroto, la ruidosa propaganda y las maniobras en Naciones Unidas, el llamado alto al fuego sirio se ha derrumbado de manera repentina, vergonzosa e irrevocable. En realidad, era un aborto que estaba muerto incluso antes de que naciera.

La guerra es el padre y rey de todos, ha creado dioses y hombres, a algunos los hace esclavos, a otros libres”. (Heráclito)

Y curan la herida de mi pueblo, pero sólo por encima, diciendo: “paz, paz”, pero no hay paz”(Jeremías 6:14)

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad una resolución que exigía un alto el fuego de 30 días en Siria para permitir entregas de ayuda y evacuaciones médicas. Se suponía que esto proporcionaría ayuda humanitaria a la gente de Ghouta oriental, un enclave cercano a Damasco que ha estado controlado durante un tiempo por fuerzas hostiles al presidente Assad y ha sido bombardeado por las fuerzas gubernamentales durante la última semana.

El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, dijo que la situación en el este de Ghouta es como “el infierno en la Tierra”. Es cierto. Pero el conjunto del país podría encajar con esa descripción. Siria ha quedado devastada tras seis años de guerra. Su territorio ha sido el campo de batalla para las acciones de potencias extranjeras rivales y sus marionetas locales y regionales.

Las imágenes que se muestran al mundo son de horror absoluto, bombardeos con barriles explosivos en un área donde unas 393,000 personas permanecen atrapadas. Se dice que las escuelas y los hospitales son atacados de forma deliberada. Los cuerpos de los niños muertos y heridos desfilan ante las cámaras.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos con sede en el Reino Unido señala como responsables al régimen sirio y a Rusia, aunque Rusia niega la participación directa y el gobierno sirio niega haber atacado a civiles y declara que está tratando de liberar a Ghouta oriental de los terroristas. ¿A quién deberíamos creer?

Las ‘Naciones Unidas’

La votación sobre la resolución se retrasó varias veces debido a una sórdida comedia en las Naciones Unidas. Rusia, un aliado del gobierno de Siria, exigió como era de esperar que se modificara el texto. Los estadounidenses y sus títeres en el Consejo General, igualmente predecibles, acusaron a Moscú de perder el tiempo.

Evidentemente, los rusos no mostraron tener prisa por firmar un alto al fuego porque sus amigos sirios estaban ganando la guerra. Los estadounidenses, por el contrario, se mostraron más apurados porque su lado estaba sufriendo una derrota aplastante. El destino de los pobres que están sufriendo los estragos de una guerra brutal no pareció entrar realmente en sus cálculos, excepto en que los estadounidenses y sus aliados usaron cínicamente las imágenes de ese sufrimiento para obtener una victoria propagandística barata sobre Rusia.

La representante de Estados Unidos en la ONU acusó a Rusia de haber “retrasado las negociaciones”. Protestó airadamente: “En los tres días que nos llevó adoptar esta resolución, ¿cuántas madres perdieron a sus hijos por causa de los bombardeos?” ¡Qué extraño que ella no mostrara la misma tierna preocupación por los innumerables niños y sus madres que fueron masacrados por los bombardeos indiscriminados en Mosul! ¿Podría ser porque esos bombarderos eran pilotados por estadounidenses? Sobre Mosul hablaremos un poco más adelante.

El enviado de Rusia ante la ONU, Vassily Nebenzia, dijo que el alto el fuego no sería posible sin la llegada a un acuerdo entre las facciones enfrentadas y atacó el aluvión de propaganda sobre la situación en la Ghouta oriental, controlada por los rebeldes. “Sabemos que la situación humanitaria en Siria es grave y requiere medidas urgentes”, dijo. “Es importante comprometerse no sólo con Ghouta oriental”, agregó, “la ayuda debe llegar a todas las partes de Siria”.

Durante unos largos y acalorados debates, los rusos insistieron en que se modificara el texto de la resolución para que Damasco no fuera señalado como el único culpable de la violencia. Al final, los rusos firmaron la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para imponer un cese al fuego de 30 días en Siria. Pero, ¿qué es exactamente lo que firmaron? El llamado documento de alto el fuego fue tan vago y general que ni siquiera especificó una fecha a partir de la cual debería entrar en vigor. No se refería específicamente a Ghouta oriental, sino a Siria en general.

La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, tras hacerse evidente una vez más que la diplomacia rusa había ganado la partida a EEUU, pidió que el alto el fuego se produjera de inmediato, aunque dijo mostrarse escéptica sobre el respeto de este compromiso por parte de Siria. En esto tenía toda la razón.

Al final, el “alto el fuego” fue de apenas cinco horas durante las cuales se suponía que la ONU entregaría la ayuda prometida y se permitiría que la gente abandonara las zonas sitiadas. No sucedió nada de esto. Los yihadistas continuaron bombardeando Damasco y la fuerza aérea siria continuó lanzando bombas. La ayuda no se entregó, y aquellos que intentaron huir de Ghouta oriental fueron alcanzados por granadas de mortero que disparaban los yihadistas para evitar su huida.

¿Quién es quién?

Los estadounidenses afirman que están luchando junto a los rebeldes “moderados”, que ahora se agrupan bajo el seudónimo de “activistas sirios”. Activos son, sin duda, especialmente, en el ámbito de internet y la propaganda. Pero como fuerza de combate son insignificantes. Los grupos que realmente tienen el poder en el enclave son yihadistas radicales que comparten la misma ideología venenosa que ISIS y Al Qaeda, con quienes está afiliado el principal grupo yihadista.

Los llamados islamistas moderados son una invención. No son más que un disfraz destinado a ocultar el hecho de que la CIA respalda a los monstruos yihadistas en Siria como un medio cínico para saldar cuentas con Assad. Desafortunadamente para ellos, es Assad, con el respaldo de Rusia e Irán, quien está ajustando cuentas con los rebeldes.

El grupo jihadista sirio, Jabhat Fateh al-Sham (JFS), conocido como el Frente al-Nusra hasta que rompió sus lazos formales con al-Qaeda en julio pasado, se ha rebautizado en más de una ocasión. Pero estos cambios no han alterado su naturaleza reaccionaria yihadista ni un ápice. Como dicen los franceses: plus ça change, plus c’est la même chose (“cuanto más cambia, más es lo mismo”).

Los yihadistas impiden deliberadamente la provisión de ayuda humanitaria a Ghouta oriental y bloquean a los civiles para que no abandonen la zona. Al igual que en Aleppo y Mosul, mantienen a cientos de rehenes, incluidas mujeres y niños. También continúan bombardeando Damasco, violando la “tregua humanitaria”, aunque se presta muy poca atención a esto en los medios occidentales.

La resolución de la ONU no se aplicó a los miembros del Estado Islámico (IS, anteriormente ISIS / ISIL por sus siglas en inglés) o al-Nusra. Además, Rusia pidió que la resolución incluyera a otros grupos que “cooperan con ellos”. Y así el texto final especificó que las operaciones podrán continuar contra “individuos, grupos, empresas y entidades” asociadas con IS, Al Qaeda u otros grupos designados por el Consejo de Seguridad como terroristas. ¡Es difícil ver a cuál de los grupos “rebeldes” esto no se aplica!

Los grupos rebeldes más grandes e importantes, es decir, los yihadistas y sus socios, no estaban cubiertos por la tregua. El Frente Nusra está afiliado a Al Qaeda, a pesar de sus intentos de negarlo. Dado que luchan juntos y poseen todo el armamento importante y, por lo tanto, tienen un poder real en el territorio ocupado de Ghouta oriental, el llamado alto al fuego queda en papel mojado.

Mosul y Aleppo: una historia de dos ciudades

Los medios de comunicación occidentales están haciendo un gran alboroto por Ghouta del este, del mismo modo que hicieron un gran alboroto por Aleppo. Casualmente, guardaron silencio sobre el destino de Mosul, una ciudad de dos millones de habitantes, sobre la cual se perpetró un crimen mucho mayor. Le tomó a las fuerzas iraquíes, respaldadas por Estados Unidos, casi nueve meses arrebatarle la ciudad al Estado Islámico. Finalmente, Mosul fue “liberada” el 10 de julio del año pasado. Pero el coste fue realmente terrible. Hoy, todo lo que queda de la mayor parte de esta otrora gran ciudad, son montañas de escombros y polvo que cubren una cantidad desconocida de hombres, mujeres y niños muertos.

Miles de familias se han quedado sin hogar. Se han destruido las escuelas, las redes de servicios públicos y las autopistas se han convertido en caminos de tierra destrozados. Los cinco puentes de la ciudad que cruzan el río Tigris han sido dañados. El complejo hospitalario más importante donde se libró una batalla durante más de un mes es un esqueleto de hormigón arrasado por las llamas. La lista de la devastación incluye:

Nueve de los 10 hospitales principales

76 de los 98 centros médicos

6 grandes puentes que atraviesan el Tigris

Tres cuartas partes de las carreteras de Mosul

400 instituciones educativas, incluidas escuelas, universidades y centros de formación

11,000 unidades de viviendas residenciales

4 plantas de energía eléctrica y el 65 por ciento de su red eléctrica

6 sistemas de purificación de agua y gran parte de la infraestructura de agua de la ciudad han quedado contaminados

El complejo industrial farmacéutico

Todas las tiendas de legumbres

Dos grandes lecherías

212 refinerías de petróleo, estaciones de gasolina y combustible

Todos los edificios públicos

Todos los bancos estatales y privados

63 centros religiosos (iglesias y mezquitas), la mayoría de ellos lugores de interés histórico

250 talleres, fábricas y pequeñas fábricas, incluidas las agroindustrias

29 hoteles

Más de 40,000 bajas civiles

38 de las 54 áreas residenciales en Mosul Occidental han sido destruidas

Un director de personal en la oficina de la gobernación de Nínive dijo que “si bien Mosul oriental está medio destruido, la devastación en la mitad occidental es mucho mayor”. Un miembro de un grupo local de voluntarios dijo que la devastación en el oeste de Mosul es casi del “99 por ciento”.

Esta terrible ruina, equivalente a la liquidación física de una gran ciudad, se llevó a cabo principalmente por las bombas estadounidenses, misiles y artillería, y el uso por el ejército estadounidense de fósforo blanco, un arma cuyo uso en áreas habitadas está prohibido internacionalmente. Estados Unidos acumula una larga lista de serios crímenes de guerra.

Pero mientras en Aleppo (y ahora en Ghouta oriental) fuimos bombardeados con denuncias diarias de los crímenes -reales o imaginarios- del régimen sirio y sus aliados rusos, los terribles crímenes perpetrados contra el pueblo de Mosul se ocultaron bajo una gruesa alfombra de silencio, mentiras y medias verdades.

Desastre humanitario ignorado por Occidente

Mucho más grave que la devastación física es la devastación de vidas humanas. La cantidad de víctimas civiles se desconoce hasta el día de hoy, ya que ni EE.UU. ni sus aliados en Bagdad han hecho ningún esfuerzo por contar los cadáveres, muchos de los cuales todavía están bajo los escombros. Se cree que más de 40.000 civiles fueron asesinados como resultado de la enorme potencia de fuego que se utilizó contra ellos, especialmente por la policía federal y los ataques aéreos, más las ya numerosas víctimas perpetradas por el propio ISIS.

Sin embargo, este enorme desastre humanitario ha sido ignorado por los medios occidentales. El número verdaderamente catastrófico de muertes civiles en Mosul tiene poca cobertura internacional en los medios ni ocupa la atención de políticos y periodistas. Basta compararlo con la indignación internacional ante el bombardeo de Aleppo oriental por el gobierno sirio y las fuerzas rusas a finales de 2016.

Ninguno de los involucrados, ISIS, la coalición internacional, el gobierno iraquí, ni siquiera las Naciones Unidas, han presentado información sobre el número real de víctimas. Airwars, basándose en los informes de prensa, calcula que 5.805 civiles murieron entre el 19 de febrero y el 19 de junio de 2017. Pero, como sabemos, los informes de prensa sólo cubren una fracción del número real de muertes.

¿Por qué la cifra de muertes de civiles en Mosul fue tan extraordinariamente alta? La explicación puede leerse en un informe de Amnistía Internacional (AI): A cualquier precio: la catástrofe civil del oeste de Mosul.

Aunque este informe no proporciona una cifra precisa del número de muertes, confirma el terrible daño causado por el ataque incesante de la artillería y el lanzamiento de cohetes durante cinco meses en una zona sitiada cuya población civil no pudo escapar. Muchos residentes de Mosul permanecieron en sus casas porque ISIS mató a las personas que intentaron abandonar la ciudad. Pero muchos se quedaron porque el gobierno les pidió que lo hicieran. El ejército arrojó panfletos desde helicópteros pidiendo a los residentes que no huyeran. Esto fue como firmar una sentencia de muerte.

Los bombardeos indiscriminados, particularmente, en el asalto final a la ciudad vieja, tuvieron como resultado un baño de sangre en el que la mayoría de las víctimas fueron mujeres y niños. Se cree que más de 4.000 cuerpos están enterrados bajo los escombros sólo en el oeste de Mosul, donde el hedor a cadáveres en descomposición aún impregna el aire. La brutalidad de las tropas iraquíes ha sido confirmada por muchos testigos oculares. Éste era el testimonio de un soldado iraquí según un artículo del portal de noticias online Middleeasteye: “los matamos a todos, Daesh, hombres, mujeres y niños. Matamos a todos”.

“Hay muchos civiles entre los cuerpos”, dice un comandante iraquí. “Después de que se anunciara la liberación, se dio la orden de matar a todos y todo lo que se moviera”. El comandante, que quiso guardar su anonimato, dijo que esas órdenes fueron injustas, pero que los soldados tenían que seguirlas a pesar de ello. “No estuvo bien en absoluto”, dijo. “La mayoría de los combatientes de Daesh se rindieron y nosotros los matamos”.

Durante el asedio de nueve meses, 1.048.044 personas se vieron obligadas a huir. No han regresado muchos. Hombres, mujeres y niños que escaparon de la destrucción de Mosul están alojados en campamentos de tiendas, que a menudo funcionan como verdaderas prisiones. Las mujeres y los niños sospechosos de ser familiares de los combatientes del IS, que fueron asesinados en el asedio, son redirigidos a “campamentos de rehabilitación”.

Primero fueron víctimas de ISIS. Ahora sufren crímenes y abusos a manos de las tropas iraquíes. Pero no se buscan responsabilidades. El primer ministro, Al Abadi, ha criticado a menudo a las organizaciones de derechos humanos que investigan los crímenes. La tortura y el abuso se han institucionalizado dentro de las fuerzas armadas iraquíes, y son tolerados sistemáticamente por el poder judicial.

Bagdad calcula que se necesitan 100 mil millones de dólares para reconstruir el país. Las autoridades locales de Mosul, la ciudad más grande en caer bajo el poder del IS, afirman necesitar esa cantidad solamente para rehabilitar su ciudad. La ONU estima que 40.000 hogares deben ser reconstruidos o restaurados, y unos 600.000 residentes no han podido regresar a la ciudad, la que una vez fue hogar de alrededor de 2 millones de personas.

Hasta el momento, nadie está ofreciéndose para pagar la factura. La administración de Trump les ha dicho a los iraquíes que no pagará por una campaña de reconstrucción masiva. Irak espera que Arabia Saudita y otros países del Golfo se involucren, e Irán también podría asumir un papel. La ONU está reparando parte de la infraestructura en casi dos docenas de pueblos y ciudades en todo Irak, pero se necesitará mucho más que financiación. Como resultado, gran parte de la reconstrucción que se ha llevado a cabo proviene de los ahorros de personas particulares para rescatar hogares y tiendas lo mejor que pueden.

Y aunque la ‘prensa libre’ examinó, repitió y magnificó cada detalle del asedio de Aleppo, apenas prestó atención a los horrores sufridos por la gente de Mosul. Cabe preguntarse por qué.

Otro “ataque de gas”

El completo fracaso de la ofensiva diplomática estadounidense en la ONU provocó enojo y desesperación en las filas de los rebeldes, quienes respondieron con un torrente de ira. Pero es una furia nacida de la impotencia. Sin el apoyo directo de Estados Unidos, los rebeldes sirios no cuentan para nada. Están siendo sistemáticamente reducidos a polvo por las fuerzas de Assad. Pero los estadounidenses no están muy dispuestos a comprometer una fuerza militar seria en el atolladero sirio. ¿Cómo obligarlos a intervenir?

La respuesta de los yihadistas fue inmediata y, de nuevo, del todo predecible. Intensificaron la campaña de propaganda, pero esta vez introdujeron un nuevo giro (pero no muy original). Durante el asedio de Aleppo, los medios occidentales dieron mucha publicidad a los llamados Cascos Blancos, un grupo que dice ser una ONG humanitaria imparcial dedicada a salvar vidas en Siria. En realidad, esta ‘ONG’ es una organización yihadista, cuyo único objetivo es producir impactantes videos de víctimas civiles (tarea que no es difícil en las condiciones actuales en Siria) con el fin de obtener la simpatía de la opinión pública mundial.

Esta maniobra resultó ser tan exitosa que los Cascos Blancos obtuvieron un Oscar por el “Mejor corto documental”, que mostraba sus operaciones diarias en 2017. Sin embargo, han sido acusados ​​repetidamente de falsificar información y realizar falsos intentos de “rescate”.

Ahora alegan que varias personas ingresaron en instalaciones médicas en la cercana Al-Shifoniyah, con síntomas de “disnea, irritación intensa de las membranas mucosas, irritación de ojos y mareos”. Varias mujeres y niños presentaron dificultad para respirar, de acuerdo con los Cascos Blancos y “al menos un niño” había muerto como resultado de la sofocación.

Si bien estas afirmaciones no han sido corroboradas por ningún organismo independiente, eso no ha impedido que la “prensa libre” del mundo occidental las haya reproducido diariamente como si fueran declaraciones de hecho. Titulares como el de Sky Newsafirmaban lo siguiente: el régimen sirio “en mortal ataque de gas cloro contra civiles”.

No sería la primera vez que los yihadistas usan la acusación de un ataque con gas en Ghouta oriental para lograr que los estadounidenses intervengan militarmente. Hicieron exactamente lo mismo en 2013, cuando Obama orquestó una ruidosa campaña internacional sobre un presunto ataque con gas cloro para justificar el envío de aviones de combate estadounidenses para bombardear posiciones del ejército sirio.

El gobierno de Obama sostuvo que había interceptado las comunicaciones de un alto funcionario sirio sobre el uso de armas químicas, pero la solicitud para ver la transcripción fue denegada. También lo fue la solicitud presentada por la agencia estadounidense de noticias AP para ver una transcripción de las comunicaciones, en las que presuntamente se daba la orden al personal militar sirio de preparar máscaras antigás para un ataque con armas químicas.

A pesar de todo el alboroto en los medios, no hubo ninguna evidencia para estos presuntos ataques, a excepción de algunas imágenes de vídeo borrosas que no demostraron nada. Las inconsistencias sobre el número de muertos y otros detalles relacionados con el ataque alimentaron las dudas entre los escépticos. Dos días después del presunto ataque, la televisión estatal transmitió imágenes de jarras de plástico, máscaras antigás, viales de medicina, explosivos y otros artículos que, según dijo, habían sido confiscados de los escondites de los rebeldes. Se encontró un barril “hecho en Arabia Saudita”.

El escepticismo incluso se reflejó en un medio tan poco sospechoso como The Times of Israel. En un artículo publicado en ese periódico el 8 de septiembre de 2013, Charles Heyman, ex oficial del ejército británico, editor de Las Fuerzas Armadas del Reino Unido, una revista bianual acreditada de las fuerzas británicas, fue citado de la siguiente manera:
“No podemos entender esto: ¿por qué un comandante acordaría lanzar un cohete contra un suburbio de Damasco con armas químicas para obtener solamente un beneficio táctico a muy corto plazo si supone un desastre a largo plazo?”

¡Por qué! La misma pregunta nos la seguimos haciendo hoy. En enero, justo antes de que varias facciones de la sociedad siria se reunieran para el Congreso Nacional Sirio en Sochi, Rusia, el Secretario de Estado de Estados Unidos usó los citados informes para culpar a Rusia de todos los incidentes relacionados con armamento químico en Siria, independientemente de quién lo orquestara realmente.

En cualquier investigación de asesinato, la primera pregunta que hacen los abogados es Cui bono, literalmente “¿quién se beneficia?” ¿Qué beneficio podría obtener Assad o su ejército al usar un arma que inevitablemente provocaría represalias por parte de EE.UU.? La pregunta se responde a sí misma. Assad no tenía ningún interés en cometer un error tan estúpido que perjudicaría seriamente sus intereses. Uno podría acusar a Assad de muchas cosas, pero la estupidez seguramente no está entre ellas.

El ejército sirio insiste en que no posee gas de cloro, ya que todo fue entregado como parte de un acuerdo al que se llegó con los estadounidenses y los rusos hace algunos años. Esto fue confirmado por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ).

Incluso si éste no fuera el caso, el ejército sirio no necesita usar más armas que la fuerza mortal y abrumadora que ya están desplegando para aplastar a los rebeldes.

Las fuerzas del gobierno sirio han estado llevando a cabo la operación “Damasco Steel”, para limpiar el este de Ghouta de las unidades islamistas que han estado aterrorizando a los habitantes durante años, y que han rechazado cualquier iniciativa para deponer las armas y abandonar el área. Dado que el ejército sirio está en el proceso de lanzar una ofensiva terrestre decisiva contra los yihadistas, lo último que necesita es emplear un arma tan poco confiable como el gas de cloro, que podría volverse rápidamente contra ellos si el viento cambiara de dirección.

En realidad, los únicos que se benefician del uso de gas cloro son los yihadistas, que se sabe que lo poseen y, sin duda, estarían preparados para usarlo con el objetivo de culpar al gobierno sirio y preparar así el terreno para los ataques aéreos de los estadounidenses. Estados Unidos ha amenazado en repetidas ocasiones que podría realizar ataques aéreos más directos contra las fuerzas sirias si se usan armas químicas en el país. En abril pasado, el presidente Donald Trump ordenó ataques con misiles Tomahawk en la Base Aérea Shayrat, en respuesta a un ataque químico en Idlib, que Estados Unidos, sin evidencia alguna, atribuyó de inmediato al presidente Bashar Assad. El presidente francés, Emmanuel Macron, también prometió “atacar” a Siria si surge alguna evidencia de que se están utilizando armas químicas contra civiles.

El único propósito de esta campaña mediática es sembrar confusión en la opinión pública mundial, ennegrecer el nombre de los enemigos de Estados Unidos y proporcionar una justificación “moral” para una mayor intromisión imperialista en los asuntos de Medio Oriente. Sin embargo, la guerra de propaganda en curso no tendrá el resultado deseado. La guerra terminará con la victoria de las fuerzas del gobierno sirio en el campo de batalla. Al final, eso es todo lo que cuenta.

La rabia impotente de Washington

En realidad, el imperialismo estadounidense no tiene derecho a señalar con un dedo acusador a nadie. Fue la invasión criminal de Estados Unidos a Irak la causa del actual y sangriento desastre que ha causado tanta muerte, destrucción y miseria a millones de hombres, mujeres y niños inocentes.

En su intento por lograr el dominio total de la región, Washington ha apoyado directa o indirectamente a las fuerzas más reaccionarias en el Medio Oriente. No era necesario decirnos que Saddam Hussein era un monstruo sangriento, o que Assad es un dictador. Pero, ¿cómo cuadra Washington su profesado “amor a la democracia” con su respaldo de Arabia Saudita, ese refugio del terrorismo wahabí, que depende de la tortura, las ejecuciones públicas, las decapitaciones, las crucifixiones y la lapidación para mantener a su pueblo en un estado de sumisión?

Es bien sabido que Arabia Saudita ha estado detrás de cada grupo terrorista yihadista, desde los talibanes a Al Qaeda, desde Bin Laden hasta ISIS. Los extremistas saudíes estuvieron detrás del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York. Saddam Hussein no tuvo nada que ver con eso. Sin embargo, fue Irak y no Arabia Saudita el que fue invadido y arrasado. Y Washington, en la persona de Donald Trump, todavía mantiene las relaciones más cordiales con los monstruos en Riyadh.

Algunas personas equivocadas de la izquierda se han dejado engañar por la propaganda engañosa de los medios. Imaginan que los “rebeldes” son los verdaderos herederos de la ola revolucionaria que barrió Siria hace siete años. Pero ese movimiento fue rápidamente derrotado, no tanto por Assad como por los contrarrevolucionarios saudíes que lo reemplazaron con su marca reaccionaria de islamismo.

Los sauditas (y también los qataríes) armaron y financiaron a las reaccionarias pandillas jihadistas que han asolado a Siria durante los últimos seis años, matando, violando, torturando, quemando y destruyendo todo lo que encontraron en su camino. Estas pandillas tienen diferentes nombres, pero comparten la misma ideología y los mismos oscuros designios fundamentalistas. También están respaldados por la CIA y el Pentágono, que habitualmente describen a estos carniceros como “rebeldes”, o, para usar el reciente eufemismo, “activistas sirios”.

Estos grupos son apoyados por el imperialismo para sus propios intereses cínicos. Reciben enormes subsidios de los saudíes, que se esfuerzan por alcanzar el predominio de su propio tipo de wahhabismo ultra-reaccionario. Se piense lo que se piense de Assad, es una barbaridad afirmar que la victoria de estos gánsteres reaccionarios no sería sino una pesadilla sangrienta para el pueblo de Siria.

Es necesario atravesar la espesa niebla de la propaganda y la desinformación y exponer los intereses reales de las diferentes fuerzas en acción. Debemos partir de los fundamentos. El imperialismo estadounidense es la fuerza más contrarrevolucionaria del planeta. La izquierda no puede darle ningún apoyo, ya sea directa o indirectamente.

En cuanto a las llamadas Naciones Unidas, una vez más queda expuesta a la farsa fraudulenta que siempre fue. Durante el reciente debate, el representante de Francia ante la ONU, François Delattre, se lamentó de que la resolución llegaba muy “tarde”. Declaró dramáticamente que la falta de acción podría significar el final de la ONU. Pero el impacto dramático de esta declaración se vio un tanto mitigado por el hecho de que todos los presentes eran conscientes de que el tiempo de la ONU ha finalizado hace mucho tiempo.

La ONU en realidad es solo un mercadillo donde las naciones más pequeñas pueden alborotar y hacer discursos pomposos y, por lo tanto, se les hace sentir importantes, mientras que las grandes potencias realmente deciden lo qué sucede. Sólo un ingenuo como el Sr. Delattre cree que la ONU puede decidir algo importante, siempre suponiendo que él mismo lo crea.

Turquía y los kurdos

La intervención rusa en Siria inclinó decisivamente la balanza a favor de Assad. La caída de Alepo marcó un punto de inflexión decisivo y una derrota devastadora y humillante, no solo para Estados Unidos, sino también para sus aliados, especialmente Arabia Saudita. Los representantes de Washington despotrican y elogian los debates en el Consejo de Seguridad. Pero, en realidad, se trata de una ira impotente que pretende ocultar una incapacidad completa para actuar donde realmente importa: en el campo de batalla.

Un sector de la clase dominante de EE. UU. quería continuar la guerra, pero este intento estaba condenado al fracaso. Putin los superó en cada paso. Cuando los rusos convocaron una conferencia de paz en Kazajstán (un estado marioneta de Rusia), los estadounidenses y los europeos ni siquiera fueron invitados. Al final, a pesar de toda la retórica pública, los estadounidenses se vieron obligados de mala gana a aceptar el hecho consumado dictado por Moscú.

Hoy nadie puede dudar de que los rusos son ahora la potencia dominante en Siria. Estados Unidos no decide nada. Ésa es una píldora muy amarga de tragar para los estadounidenses, pero se la tragan, deben hacerlo. Están tratando de poner una cara audaz, aprovechando al máximo su oportunidad para anotarse puntos de propaganda baratos, haciendo protestas hipócritas sobre la conducta de Assad y los rusos, cuando su propia conducta no es precisamente una lección maravillosa de moralidad y humanitarismo.






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